La normativa ESG sigue evolucionando, y a un ritmo acelerado. En los últimos meses, la Comisión Europea y el Consejo han propuesto varios cambios para simplificar y aplazar determinadas normas. Al mismo tiempo, las expectativas en materia de transparencia y responsabilidad empresarial no dejan de aumentar.
En este blog, destacamos las novedades más relevantes en materia de legislación ESG y explicamos qué implicaciones tienen para su organización y su cadena de suministro.
Una taxonomía de la UE más sencilla, pero solo para algunos
Una de las propuestas más importantes es la simplificación de la taxonomía de la UE. Las empresas ya no tendrían que clasificar las actividades que se consideren no sustanciales. En el caso de las instituciones financieras, esto significa que los préstamos solo deberán incluirse si representan más del 10 % de la cartera total. En el caso de las empresas no financieras, solo habría que declarar las actividades que generen más del 10 % de los ingresos totales.
Para reducir aún más la carga que supone la presentación de informes, la Comisión también ha propuesto reducir el número de data en un 64 % para las empresas no financieras y en un 89 % para las instituciones financieras. Estos cambios tienen por objeto reducir la complejidad —especialmente para las empresas con una exposición limitada a cuestiones de sostenibilidad—, pero siguen exigiendo una justificación clara de lo que se considera «no significativo».
CSRD y CSDDD: ¿Quiénes siguen estando sujetos a su ámbito de aplicación?
El Consejo Europeo ha acordado adoptar un enfoque más específico en relación con la Corporate Sustainability Due Diligence Directive (CSDDD) la Corporate Sustainability Reporting Directive CSRD). Su propuesta elevaría considerablemente los umbrales de tamaño de las empresas.
Solo las empresas con más de 5 000 empleados y una facturación de 1 500 millones de euros estarían sujetas a la CSDDD. En el caso de la CSRD, los umbrales podrían elevarse a 1 000 empleados y una facturación de 450 millones de euros. Estos cambios tienen por objeto reducir la presión sobre las pequeñas y medianas empresas. Otras modificaciones propuestas incluyen la adopción de un modelo de diligencia debida basado en el riesgo, la flexibilización de los requisitos de divulgación y mapeo, y el aplazamiento de las obligaciones de planificación de la transición climática. La aplicación de la CSDDD también se retrasaría hasta 2028. Aunque esto significa que habrá menos empresas directamente afectadas, los efectos en cadena a lo largo de la cadena de valor siguen siendo importantes. Las grandes empresas siguen teniendo que presentar informes, lo que implica pedir a los proveedores que faciliten más data y de forma más transparente.
A pesar del contratiempo en la adaptación de la CSRD, la Comisión Europea adoptó la Norma de Información Voluntaria sobre Sostenibilidad para microempresas y pequeñas y medianas empresas no cotizadas (VSME), publicada por el EFRAG en diciembre de 2024. Esta Norma, elaborada por el EFRAG para empresas con menos de 250 empleados, como parte del Paquete de medidas de apoyo a las pymes de 2023 (Acción 14), ofrece un marco sencillo y ágil para que las pymes no cotizadas comuniquen información relacionada con la sostenibilidad.
GRI se pasa al formato digital con su nueva taxonomía
La GRI ha lanzado una versión digital de sus normas de información utilizando XBRL, un lenguaje que permite presentar información de forma estructurada y legible por ordenador. Esto data envío, la comparación y el análisis data de sostenibilidad, tanto para las empresas como para sus partes interesadas.
La taxonomía de GRI es compatible con todas las normas de GRI (universales, sectoriales y temáticas) y está estrechamente alineada con el ESRS. Contribuye a salvar la brecha entre las empresas y data —entre los que se incluyen inversores, organismos reguladores y auditores— y allana el camino para una presentación de informes más eficiente.
Este paso hacia la divulgación digital de información sobre sostenibilidad refleja un cambio más amplio en el ámbito ESG: se pasa de la presentación de informes basados en la narrativa a una rendición de cuentas data.
Green Claims Directive: ¿qué está pasando?
Green Claims Directive, destinada a combatir el «greenwashing», ha atravesado una etapa turbulenta en las últimas semanas. Después de que algunos medios de comunicación sugirieran que la UE había retirado su apoyo, Italia se retiró del proceso, bloqueándolo. Sin embargo, poco después, la Comisión Europea aclaró que no había retirado su apoyo.
A pesar de la confusión, la intención que subyace a la directiva sigue siendo clara: las empresas deben poder respaldar con pruebas las afirmaciones medioambientales como «neutro para el clima» o «respetuoso con el medio ambiente». Independientemente de si se aprueba o no esta ley en concreto, la transparencia y la credibilidad en el marketing se están convirtiendo en aspectos innegociables.
Aplazamiento de las obligaciones de diligencia debida en materia de baterías
En mayo de 2025, la Comisión Europea propuso un aplazamiento de dos años para las obligaciones de diligencia debida previstas en el Reglamento (UE) 2023/1542 (el Reglamento de la UE sobre baterías), retrasando la fecha límite de cumplimiento al 18 de agosto de 2027. Este aplazamiento forma parte del paquete legislativo «Omnibus IV» y tiene por objeto dar más tiempo a las empresas para prepararse, lo que incluye la designación y acreditación de organismos notificados y la armonización con la Corporate Sustainability Due Diligence Directive (CSDDD).
El calendario original para otros aspectos del Reglamento sobre baterías —como el etiquetado, los objetivos de recogida y la responsabilidad ampliada del productor (EPR)— no sufre cambios y seguirá entrando en vigor el 18 de agosto de 2025. La ampliación del plazo para la diligencia debida tiene por objeto, concretamente, garantizar una implantación más fluida de los requisitos más complejos, incluidas las auditorías de terceros y la presentación periódica de informes. También proporciona un margen de maniobra a las empresas, especialmente a aquellas con una facturación superior a 40 millones de euros, para integrar adecuadamente las normas ESG y la transparencia de la cadena de suministro en sus operaciones.
El ESG está cambiando, pero no va a desaparecer
Aunque algunas normas se están simplificando o posponiendo, eso no significa que las empresas puedan permitirse esperar. La legislación en materia de ESG sigue evolucionando, y las expectativas de los reguladores, los consumidores y los inversores no hacen más que aumentar. Actuar ahora significa estar mejor preparado para lo que está por venir.
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