Cada año, el 1 de julio, celebramos el Keti Koti, la fiesta de las cadenas rotas. Nos recuerda el fin de la esclavitud. Sin embargo, las cadenas de valor justas siguen siendo un reto hoy en día. El trabajo esclavo sigue existiendo, incluso en lugares insospechados. A menudo lo asociamos con productos baratos, como las camisetas de Shien fabricadas en fábricas lejanas. Pero la explotación ocurre más cerca de casa, incluso en el caso de las marcas de lujo en Europa.
El trabajo esclavo en lugares insospechados
Tomemos el caso reciente de los bolsos de Dior. La semana pasada, la policía italiana realizó una redada en una fábrica explotadora cerca de Milán. Encontraron a trabajadores chinos y filipinos en condiciones precarias y poco seguras. Algunos trabajadores no estaban dados de alta y vivían encima de la fábrica. La etiqueta «Made in Italy» puede parecer fiable, pero no garantiza una producción libre de esclavitud.
Del mismo modo, en el sector del tomate en Italia, los trabajadores migrantes suelen enfrentarse a condiciones muy duras. En 2022, ImpactBuying una evaluación de derechos humanos sobre este tema. Este ejemplo muestra cómo las prácticas laborales injustas no son solo problemas lejanos: ocurren aquí mismo, en Europa.
El giro hacia la transparencia
Afortunadamente, se están haciendo avances. Europa está impulsando cadenas de valor justas mediante nuevas regulaciones. A partir de este ejercicio fiscal, las grandes empresas deben informar de forma transparente sobre sus cadenas de suministro. Las promesas vacías ya no bastan. Las empresas son ahora responsables de los abusos, incluso de aquellos que se producen en sus proveedores.
De cara al futuro, los códigos de barras serán sustituidos por códigos QR para 2027. Estos códigos QR pueden proporcionar información detallada, como el origen del producto, imágenes de satélite y puntuaciones de sostenibilidad. Incluir las condiciones laborales en estos códigos haría que la cadena de suministro fuera aún más transparente.
La responsabilidad recae en todos
A pesar de los escándalos, los directivos de empresas como Dior suelen eludir su responsabilidad. Los subcontratistas cargan con la culpa, mientras ellos se quedan con los beneficios —a veces vendiendo productos por 49 veces su precio de compra—.
En última instancia, el poder está en manos de los consumidores. Cada compra da forma al mundo que queremos. Pero este poder solo funciona si sabemos realmente lo que estamos comprando. La creciente atención que se presta a Keti Koti es una señal esperanzadora de que las cadenas de valor justas y éticas se están convirtiendo en una prioridad
¿Quieres saber más sobre cómo las empresas pueden mejorar la transparencia en sus cadenas de suministro? Visita nuestra página de Transparencia para ver cómo ImpactBuying las empresas en la creación de cadenas de valor justas.